
Sobregiro planetario: cuando el cuerpo de la Tierra se agota
enero 2, 2026“Cada nuevo comienzo proviene del final de otro comienzo.” — Séneca (4 a.C.–65 d.C.), filósofo estoico romano.

Jano, el Dios de los comienzos, las puertas, las transiciones, el tiempo, la dualidad, los portales, marcos y finales en la mitología romana. Generalmente se lo representa con una cabeza de doble cara, lo que le permitía vigilar hacia adelante y atrás simultáneamente y a su vez tenía el don de ver el pasado y el futuro. En Roma se le honraba el primer día de cada mes y durante todo el mes de Januarius (enero). Como dios de las transiciones, tenía funciones relacionadas con el nacimiento, los viajes, el intercambio, el comercio y la navegación. Imagen generada con inteligencia artificial (Copilot)
Los ciclos de la naturaleza nos enseñan a vivir la vida
El año 2026 se abre como una marea nueva. Es el inicio del segundo cuarto de este siglo, un umbral que nos recuerda que los sistemas complejos —naturales, sociales, económicos y emocionales— se mueven como olas que avanzan y retroceden, nunca lineales, siempre en ciclos. Cada ciclo trae consigo la posibilidad de comenzar de nuevo, reconfigurar lo que parecía estable y abrir caminos hacia lo inesperado.
Hablar de inicios es también hablar de estados transitorios. En los sistemas naturales, los momentos de transición son como puertos de paso, donde lo que parecía fijo se abre a la transformación. Estos pueden ser estables o inestables, aleatorios o determinísticos, alternativos o fijos, pero, más allá de sus formas, constituyen un cambio inevitable en la dinámica del sistema.
Reconocer esos transitorios, en lo social y económico, no siempre es fácil, pero nos permite tomar decisiones más conscientes, situándonos en el delicado espacio entre lo subjetivo y lo objetivo, entre las verdades parciales y la búsqueda de una verdad más amplia. En lo emocional, la metáfora de Neptuno, dios del mar, nos recuerda que las aguas interiores también tienen calma y tormenta, y que la fe y la compasión nos invitan a soltar el control y confiar en lo invisible.
Ciclos que nos atraviesan
En los bosques las semillas germinan, los árboles crecen, el bosque madura hacia especies leñosas, un incendio lo colapsa, y las semillas latentes regeneran el ciclo en un claro abierto por el fuego. Este nuevo inicio es posible gracias a la memoria oculta del bosque, lo que en botánica se conoce como el banco de semillas: reservas invisibles que esperan las condiciones adecuadas para brotar. En lo humano, esto se asemeja a las experiencias vividas que vamos acumulando y que permanecen en silencio hasta que, en algún momento, necesitamos de lo aprendido y se abre espacio a nuevas ideas para su germinación.
Los sistemas arrecifales tienen una dinámica parecida a los bosques. Después de que una tormenta o una enfermedad desestabiliza al arrecife por la muerte de los corales, el sistema puede ser restaurado por las larvas que provienen de colonias de corales de poblaciones cercanas, fijándose sobre el esqueleto de los corales que yacen muertos en el fondo del mar, generando así una reorganización del sistema y poblándose lo dañado. En lo social, la memoria colectiva funciona igual: comunidades vecinas sostienen y regeneran a las que han colapsado.
En los grupos sociales de animales, la supervivencia trasciende al individuo: delfines cazan juntos, aves migran en bandada y orcas cuidan crías ajenas. En lo humano, la memoria del colectivo es lo que nos permite reorganizarse tras la crisis, más allá de la supervivencia individual. Las comunidades nacen, las instituciones se consolidan, las crisis rompen estructuras, y la innovación social abre nuevos caminos. Pero esto se vincula profundamente a las emociones, ya que la esperanza florece, la estabilidad sostiene, el duelo desarma y la resiliencia reorganiza lo vivido.
Holling y los ciclos adaptativos
Holling, un biólogo pionero en ecología de sistemas, propuso en 1986 un modelo que describe cómo los sistemas complejos —naturales, sociales o socioecológicos— constantemente atraviesan fases recurrentes de crecimiento, estabilidad, crisis y reorganización. Desarrolló el concepto de ciclos adaptativos, y la teoría que lo rodea es una herramienta para entender la resiliencia y la capacidad de transformación de los sistemas humanos y naturales.
Ahora bien, estos ciclos no son lineales: siempre hay posibilidad de reinicio y quiebre. Adicionalmente, en el tiempo y en el espacio hay múltiples ciclos inter-conectándose en distintas escalas, de tal forma que hay interacciones entre lo local, regional y global, así como también repercusiones en lo que sucederá de acuerdo con el presente, el pasado reciente y el pasado antiguo.
Esta interconexión entre escalas se conoce como panarquía, y es aquí cuando los umbrales deben tenerse aún más presentes. Dependiendo de las condiciones, puede ocurrir que un arrecife después de la enésima tormenta ya no pueda volver a ser un arrecife, no por falta de larvas que colonicen el espacio vacío, sino por pequeñas perturbaciones que se han ido generando en la calidad del agua, la línea de costa y otros aspectos fisicoquímicos. El nuevo sistema podría convertirse en un arrecife de algas o en un arenal. Esto significa un nuevo régimen en el sistema: no es una nueva fase en la sucesión, sino más bien la transición a un nuevo ecosistema, sin importar si este es transitorio o completamente estable.
Enero 2026, umbral de un nuevo ciclo
Enero (Ianuarius) es el mes de Jano, el dios en la mitología romana de los comienzos y los finales. Sus dos rostros son la metáfora perfecta de los ciclos adaptativos: mirar hacia atrás para conservar la memoria y, al mismo tiempo, mirar hacia adelante para reorganizar y crear.
A mí me gusta pensar que enero es el umbral de un nuevo año, es decir, la entrada o comienzo de la primera fase de un nuevo ciclo. El cómo traspasamos ese umbral determinará la experiencia en este nuevo ciclo.
En la narrativa y la mitología romana, cuando un héroe va a traspasar un umbral se encuentra con un guardián. El Guardián del Umbral es un arquetipo que representa el obstáculo que todo protagonista debe enfrentar antes de entrar en un mundo nuevo. No necesariamente es un enemigo, sino una prueba: puede aparecer como un guerrero, una criatura o incluso una fuerza de la naturaleza. Su función es bloquear el paso del héroe del mundo ordinario al especial, probando sus habilidades y compromiso. La clave no suele ser derrotarlo, sino comprenderlo e integrarlo, porque en esa confrontación el héroe se transforma.
Nosotros también tenemos guardianes en los umbrales de nuestras propias fases personales. Estos guardianes pueden manifestarse como nuestras propias voces internas: miedos, prejuicios o creencias limitantes que nos frenan ante el cambio. Nos protegen de lo desconocido, pero al enfrentarlos nos permiten crecer y conocernos mejor. Superarlos implica aceptar la responsabilidad, comprender nuestros temores y ver los obstáculos como oportunidades, lo que nos conduce a una personalidad más completa y a la libertad interior.
Atrevernos a cruzar el umbral
Atravesar las puertas del umbral no significa ignorar el pasado, sino reconocerlo como parte del ciclo. Igual que en los arrecifes o los bosques, donde la crisis abre espacio a la reorganización, en lo humano los guardianes del umbral nos invitan a transformar la pérdida en memoria y la memoria en esperanza.
Vivir el mar —y vivir la tierra, el aire, los vínculos, las emociones— implica aceptar tanto la continuidad como la pérdida. Solo desde esa conciencia podemos diseñar futuros más justos, sensibles y sostenibles. Aceptar los ciclos implica reconocer que no todo es germinación o esperanza: también hay pérdidas que nos transforman. reflexionaremos acerca deAsí el duelo es parte esencial de la vida, ese umbral que nos invita a convertir la ausencia en memoria y la memoria en fuerza.




