ENSO: Los ciclos que nos atraviesan con la profundidad del mar cuando llega fin de año
diciembre 30, 2025“Una sociedad crece cuando los ancianos plantan árboles en cuya sombra saben que nunca disfrutarán.” — Proverbio griego
Media Legua, La Guaira, Venezuela. Foto: HumbertoRamírez. Archivo del Proyecto: Estrategias de conservación de sistemas socioecológicos marino costeros de Venezuela. Financiamiento: PADI (2019); Clear Reef (2020).
Reservas y excesos: el cuerpo humano como espejo
Hay cuerpos que nacen con reservas suficientes para vivir cien años. Reservas que no están hechas para el derroche, sino para acompañar cada etapa de la vida con dignidad: la infancia que crece, la adultez que sostiene y la vejez que recoge.
Pero cuando vivimos con exceso —demasiado azúcar, demasiado estrés, demasiado ritmo, demasiado consumo— el cuerpo empieza a defenderse. Primero se vuelve resistente, luego se agota, y finalmente colapsa. La resistencia a la insulina, por ejemplo, no aparece de un día para otro: es el resultado de un metabolismo exigido más allá de su capacidad.
La matriz planetaria: reservas que no son infinitas
Nacimos en una Tierra perfectamente sostenible, donde no existen residuos: el desecho de unos es la materia prima de otros. Esa es la verdadera circularidad: no un reciclaje parcial, sino un ciclo completo y perfecto.
Sin embargo, como especie hemos creído que somos un elemento aislado de la matriz. Hemos perseguido la inmortalidad a costa de un consumo acelerado, exigiendo más y más, forzando el metabolismo global hasta el punto en que la matriz —la Tierra— comienza a mostrar signos de resistencia, agotamiento y colapso.
No porque quiera rechazarnos, sino porque busca protegerse. Cuando un organismo se separa de su origen, el equilibrio se rompe. Y en la naturaleza, los equilibrios nunca se rompen en silencio.
Señales de agotamiento
El cuerpo humano envía señales: primero suaves, luego insistentes, luego desesperadas. El planeta hace lo mismo.
- Señales iniciales: un verano más largo, un río más turbio, un pez que ya no aparece.
- Señales claras: olas de calor, tormentas más intensas, costas erosionadas.
- Señales críticas: aumento de la frecuencia e intensidad de huracanes, incendios, proliferación de plagas, enfermedades, colapsos de poblaciones.
No es castigo. No es venganza. Es fisiología planetaria.
El sobregiro planetario explicado
Siguiendo las reglas más básicas de producción y economía, lo consumido en un año debe ser como máximo lo producido en ese mismo año.
- Si consumimos menos de lo que la Tierra regenera, aumentamos nuestras reservas y nos fortalecemos todos.
- Si consumimos más de lo que la Tierra regenera, entramos en déficit ecológico: usamos recursos que no se reponen y comenzamos a vivir de reservas acumuladas, como quien gasta ahorros sin ingresos suficientes. Además, es posible que estemos usando lo correspondiente a otras especies.
El día en que ese déficit comienza es el Día del Sobregiro Planetario. Esta es la fecha en la que la demanda de recursos naturales de la humanidad supera lo que el planeta puede regenerar en un año. A partir de esa fecha, todo lo que consumimos ya no proviene de la producción anual del planeta, sino de su capital natural, debilitando la matriz que nos sostiene. De esta forma, lo apropiado sería llegar al 31 de diciembre sin haber agotado los recursos: ese es el horizonte de equilibrio. Pero cuando la fecha se adelanta, entramos en deuda con la Tierra.
- En 1971, el sobregiro ocurrió el 20 de diciembre.
- En 2025, ocurrió el 24 de julio: casi seis meses antes del final del año.
En medio siglo, adelantamos nuestra deuda en más de cinco meses, acumulando un déficit de 14 años y medio.
En términos simples: vivimos como un cuerpo que gasta más energía de la que puede recuperar, y cada año nos endeudamos más con nuestra propia matriz. La meta colectiva es clara: mover la fecha hacia adelante, recuperar tiempo y acercarnos de nuevo al 31 de diciembre.
“No podemos gastar más biocapacidad de la que la Tierra tiene sin poner en riesgo nuestro futuro.”
— Mathis Wackernagel, cofundador de Global Footprint Network

“Cada barra es un latido del planeta: azul cuando respira dentro de sus límites, rojo cuando lo forzamos más allá de su biocapacidad.” Cambios en la fecha del Día del Sobregiro Planetario entre 1971 y 2025: el tramo azul indica los días en que la humanidad vivió dentro de la biocapacidad de la Tierra, mientras que el rojo señala el período de deuda ecológica, cuando se consumen recursos más rápido de lo que el planeta puede regenerar. Tomado de Earth overshoot day.
Culturas y ritmos de consumo
El sobregiro no ocurre igual en todas partes.
Cada país tiene su propia fecha, su propio ritmo de consumo y su propia relación con la matriz planetaria. Aquí, la métrica es importante, y cada país puede medirse de dos maneras:
- Día de sobregiro nacional: la fecha en que caería el sobregiro global si toda la humanidad consumiera como los habitantes de un país determinado.
Así, por ejemplo, si toda la humanidad viviera con los patrones de consumo de Qatar, el sobregiro ocurriría el 6 de febrero; pero si viviéramos con los patrones de Uruguay, sería el 17 de diciembre.

Cada país tiene su huella ambiental de acuerdo a sus patrones de consumo. Imagen tomada de Earth overshoot day.
Ahora bien, si consideramos el tipo de consumo de cada país en relación únicamente con los recursos generados por sus propios ecosistemas —es decir, su dotación de biocapacidad nacional, la cual es desigual entre países— estaríamos midiendo el consumo de cada nación frente a la capacidad de sus ecosistemas para regenerar esos recursos y absorber desechos en un año. Esta es la segunda métrica:
- Día de déficit ecológico nacional: la fecha en que los residentes de un país comienzan a demandar más de lo que sus propios ecosistemas pueden regenerar en un año.
Pero en un mundo globalizado, las consecuencias viajan. No hay fronteras para el clima ni para el agotamiento. Somos una sola energía extendida, un solo metabolismo planetario que se acelera o se regula según nuestras decisiones colectivas.
Elegir otro pacto
El sobregiro no es una fecha, es un síntoma. Un recordatorio de que estamos viviendo por encima de nuestra capacidad biológica, emocional y ecológica. Estamos a tiempo de elegir otra forma de consumo. Podemos empezar por:
- Reconocer que la matriz no es un recurso externo, sino parte de nuestro propio cuerpo.
- Recordar que ningún organismo prospera divorciándose de su origen.
- Aprender a regenerar en vez de extraer.
Pasos para mover la fecha en números
Mover la fecha no es un gesto aislado, sino una suma de decisiones cotidianas que, juntas, liberan tiempo y espacio para el planeta y para nosotros mismos. Algunos datos tomados de How will you #MoveTheDate? nos pueden dar una idea de cuántos días se puede mover la fecha del sobregiro planetario si logramos:
- Reducir el desperdicio de alimentos a la mitad, +13 días.
- Reducir el consumo mundial de carne en 50 %, +17 días
- Reforestar 350 millones de hectáreas de bosque, +8 días
- Simplificar el clóset y optar por ropa usada reduce emisiones y presión sobre recursos, aproximadamente, +4 días.
- Comprar alimentos locales y orgánicos, aproximadamente +5 días.
- Reducir la conducción mundial en 50 %, +13 días.
La suma de estas acciones concretas nos da alrededor de 50 días recuperados en el calendario del planeta.
Vivimos el Mar: elecciones cotidianas para alargar el sobregiro
Adicionalmente, hay actividades diarias que nos permitirían reducir nuestro consumo, aun difíciles de medir en días, pero esencial para estabilizar la presión sobre recursos y biodiversidad. Algunas elecciones diarias que pueden marcar la diferencia:
- Reducir plásticos de un solo uso: cada bolsa o envase que evitamos es menos basura que llega al mar.
- Elegir alimentos marinos sostenibles: consumir pescado de temporada y de pesca responsable ayuda a mantener poblaciones saludables.
- Ahorrar energía y agua: menos emisiones y menos descargas contaminantes que terminan en ríos y océanos.
- Moverse con menos combustibles fósiles: caminar, usar transporte público o bicicleta reduce la huella de carbono que calienta el mar.
- Valorar lo local y lo artesanal: apoyar economías cercanas disminuye la presión sobre cadenas globales que agotan recursos marinos.
- Practicar la contemplación: dedicar tiempo a mirar el cielo o el mar nos recuerda que no son recursos, sino compañía.
Cada gesto es una forma de regenerar en vez de extraer. Cada decisión es una manera de honrar el pacto con la matriz oceánica.

La pesca del día en Chichiriviche de la Costa, La Guaira, Venezuela. Foto: Roman Camacho. Archivo del Proyecto: Estrategias de conservación de sistemas socioecológicos marino costeros de Venezuela. Financiamiento: PADI (2019); Clear Reef (2020).
Manos a la obra en el 2026
En este nuevo año, hagamos un pacto distinto: ser aliados de nuestra matriz, nuestro hogar.
Alargar el día del sobregiro es vivir dentro de los límites que permiten que la vida continúe.
No como un sacrificio, sino como un acto de pertenencia.
Como quien cuida la energía que lo sostiene.
Como quien entiende que la matriz no se usa, se honra.
La verdadera prosperidad no está en consumir más, sino en aprender a vivir sin romper el pacto.
Cada acción cotidiana —lo que comemos, lo que vestimos, cómo viajamos, cómo nos movemos, cómo cuidamos la vida— puede devolvernos días de equilibrio.
Mover la fecha es posible.
Está en nuestras manos, en nuestros cuerpos, en nuestras costas, en nuestras decisiones colectivas.
Honrar la matriz es elegir el futuro.
Honrar la matriz es elegir vida.
Honrar la matriz es elegir 2026 como el año en que empezamos a regenerar.
Escrito por Ana Teresa Herrera-Reveles
Busco acercar la ciencia a la vida cotidiana, recordando que, incluso lejos de la costa, vivimos el mar.
